La instalación de un sistema de riego automático no se improvisa al azar, ¡bajo pena de sorpresas desagradables!
Tu plan de riego automático debe pensarse paso a paso, según la configuración del lugar, los objetivos y, por supuesto, tu presupuesto.
1. Presión y caudal
Este es el primer paso, esencial: te permite saber qué recursos de agua tienes disponibles y, por lo tanto, desarrollar tu proyecto en consecuencia.
- La presión se mide con un manómetro, a nivel de la entrada de agua que alimentará tu instalación (servicio de agua o bomba). Debe ser como mínimo de 2 bares y como máximo de 5 bares. Por encima, será necesario insertar un reductor de presión.
- El caudal debe ser superior a 1,5 m³/h y suficiente para alimentar todos los dispositivos de riego previstos para funcionar al mismo tiempo. Una posible insuficiencia podrá compensarse mediante una programación adecuada (riego alternado de diferentes zonas). La información de caudal está disponible en tu contrato del proveedor de agua o en el manual de tu bomba. Se recomienda una verificación, simplemente con un recipiente de 10 litros midiendo el tiempo de llenado (para 10 litros en 12 segundos: 10/12×3,6= 3 m3/h).
2. Papel y lápiz (o pantalla y ratón)
En esta fase se trata de hacer un plano preciso, a escala, de tu futura instalación. Este plano te permitirá saber exactamente qué necesitas para una eficiencia óptima, en función de la naturaleza, la superficie y la configuración de las zonas a regar, así como de su distancia respecto al punto de alimentación de agua: longitud de mangueras, tipos y número de aspersores, electroválvulas, conectores, etc.
3. Líneas de riego: haz un inventario
Según la tipología de las zonas (céspedes, huertos, frutales, macizos de flores…), determinas tantas líneas de riego comandadas cada una por una electroválvula, ella misma pilotada por un programador. Para crear un riego automático en el huerto, puedes instalar un sistema de goteo.
Idealmente, las mangueras se enterrarán y se conectarán a aspersores específicos cuyo número y disposición dependerán de su perímetro de acción:
– El aspersor (1), retráctil, es ideal para parterres, pequeños céspedes, arbustos…
– La turbina (2), o aspersor de chorro rotativo, también retráctil, es adecuada para espacios verdes más grandes.
Ten en cuenta que las turbinas y aspersores no deben instalarse en la misma línea de riego.
– El gotero (7), conectado o integrado en la manguera, entregará solo la cantidad de agua necesaria al pie de las plantaciones del huerto o de un macizo de flores.
– El microaspersor (8) se destinará más particularmente a los macizos de flores.
4. El programador (4), director de orquesta de las electroválvulas
La elección de un buen programador para un riego óptimo, idealmente asociado a una sonda de lluvia, se realizará en función de la importancia de la instalación y del nivel de comodidad de uso deseado: – Los programadores y electroválvulas con pilas de 9V pueden instalarse en lugares enterrados, en terrenos sin suministro eléctrico.
– El programador centralizado, conectado a la red eléctrica y a tantas electroválvulas, puede controlar hasta 22 líneas de riego.
– El programador « rosca de grifo » regula un riego automático localizado.
Para máxima comodidad, ofrecemos la gama SOLEM que te permite programar a voluntad el conjunto de una instalación mediante una aplicación para smartphones y tabletas, por Bluetooth o WiFi.
Después de seguir este plan detallado, te parecerá simple fabricar un sistema de riego automático. Al optar por un sistema de riego automático, diriges el agua a la planta y le proporcionas la cantidad justa de agua, de manera lenta y regular. El equipo de nuestra tienda está a tu disposición para asesorarte en la instalación de los equipos de microirrigación.



